La genética de Un Mundo Feliz

En Un Mundo Feliz se desarrolla una historia distópica (o utópica, pero eso ya es otra discusión) en la que se plantea una sociedad “feliz” basada en el consumo que alcanza su límite en la producción en masa aplicada a la biología. 
En este artículo, sin hacer un spoiler de la novela, quiero hacer referencia al primer capítulo que es donde se explica todo el proceso de “fabricación” humana. En esta extraña introducción, y digo extraña porque pocas veces una novela comienza con un explicación de la escena que poco o nada tiene que ver con la acción a desarrollar, Aldous Huxley nos explica con detalle una cadena de montaje donde se fabrican seres humanos de diferentes clases sociales, cuyo destino genético y social es determinado por individuos considerados “alfa plus”. 
La primera vez que leí esta novela no podía creerme la coherencia científica explicada en relación al conocimiento genético del año de su primera publicación: 1932. La ciencia ficción suele llevar el saber contemporáneo a los límites y extrapolar las consecuencias de los avances científico-tecnológicos a mundos que todavía no se han llevado a cabo, pero que podrían darse. En este caso, Huxley, no solo crea un mundo donde la diferencia social es una cuestión de diferencia económica impuesta por el sistema capitalista, si no que crea todo un sistema de creación genética diferencial que en 1932 era impensable incluso para los mejores genetistas de la época.

Portada de la novela – Fuente

Quiero hacer aquí, sin meterme en mayores detalles, una comparativa de lo que se sabía de genética hasta la época y lo que Huxley propone en su novela. Resumiendo brevemente la historia de la genética en el siglo XIX y principios del XX: 
En 1866 es cuando Mendel publica su artículo sobre la herencia en pares de las “unidades de herencia” que más tarde se conocerán como genes. Tres años más tarde Miescher identifica el carácter ácido del contenido del núcleo de las células eucariotas, cuyo significado no será tenido en cuenta en 70 años. A principios de siglo, Sutton propone la teoría de herencia de cromosomas que no se aceptará hasta el 1910 con los experimentos en la mosca de la fruta (Drosophila melanogaster) de la herencia del color de los ojos realizados por T. H. Morgan. En la misma década surge la palabra “genética” y se crea el primer mapa de ligamiento de herencia conjunta. No es hasta 1928 que se observa que algún componente de un virus virulento es capaz de transformar una cepa no virulenta en virulenta. Cabe destacar que entre 1910 y 1930 surge un movimiento de eugenesia racista que provoca la esterilización involuntaria de miles de personas, casos conocidos son la Alemania nazi, Suecia, y numerosos países de Europa del norte. En 1931, y casi coincidiendo con la publicación de Un Mundo Feliz, Barbara McClintock y su estudiante Harriet Creighton demuestran que la recombinación genética es causada por el intercambio físico de piezas cromosómicas. 
En 1932 Aldous Huxley propone un sistema en el cual se seleccionan humanos con diferentes características genéticas para establecer diferentes clases sociales. Es decir, que cuando apenas era conocido, por no decir totalmente desconocido, el término “gen” como unidad de herencia que se intercambia físicamente en la recombinación cromosómica, Huxley fue capaz de ver una sociedad en la que los seres humanos eran diseñados genéticamente por otros seres humanos. Hoy en día es una idea que sigue siendo revolucionaria y todavía está lejos de acometerse aunque no es tanto por razones técnicas si no por razones éticas. Pero es cierto que con los avances realizados a partir del descubrimiento de la estructura del ADN (Watson y Crick en 1953) la modificación genética “al antojo” es una realidad que podemos ver hoy en día en organismos genéticamente modificados, conocidos como transgénicos que se lleva a cabo de manera selectiva en ciertos vegetales, como el maíz.

Embriones monitoritzados – Fuente

El primer capítulo de esta revolucionaria novela nos enseña con detalle un proceso al que Huxley llama “método Bokanowsky” donde plantea un método de producción en masa aplicado a la biología humana. A partir de la extirpación de ovarios conservados artificialmente para que sigan produciendo óvulos, un solo óvulo, en sucesivas subdivisiones, puede crear 8, 16 o 96, “clones de ese óvulo”, que dan lugar a embriones. Un solo ovario puede dar lugar a 15.000 individuos. De una manera similar a la formación natural de mellizos, la novela plantea una formación artificial de individuos clónicos que surgen de un solo ovario. 
En un escenario descrito como un lugar de luz “helada, muerta, fantasmal” donde “sólo de los amarillos tambores de los microscopios logran arrancar cierta calidad de vida” recorremos, acompañados de un grupo de estudiantes predestinados a trabajar en este oscuro lugar, las diferentes salas fecundación, envasado, matriculación, predestinación social, etc. 
¿Cómo se crea entonces la diferenciación entre los diferentes individuos? En una elaborada cinta de montaje, el guía nos muestra cómo: aplicando diferentes “tratamientos” podemos, por ejemplo, regular el suministro de oxígeno para crear individuos Epsilon o aplicar una hormona a los embriones femeninos para convertirlos en hermafroditas estériles “—Porque, de
sde luego —dijo Mr. Foster—, en la gran mayoría de los casos la fecundidad no es más que un estorbo”. Se habla también de mutaciones germinales para crear individuos que alcancen la madurez física y mental a los diez años para que de esta manera sean aptos para trabajar mucho antes de los dieciocho años, aumentando así la productividad de la sociedad, y que además mantengan una inteligencia infantilizada que facilite la manipulación.
Portada de la novela – Fuente

Lo que Un Mundo Feliz plantea, es una sociedad feliz, no porque la felicidad se alcance gracias a la superación personal de los individuos que puedan ejercer sus facultades plenamente, sino porque cada individuo, como siervo de una sociedad está destinado a amar su servidumbre. “Todo condicionamiento se dirige a lograr que la gente ame su inevitable destino social (…) éste es el secreto de la felicidad y la virtud: amar lo que uno tiene que hacer”. 
En la novela esta uniformización del producto humano ha sido llevada a un extremo fantástico, aunque quizá no imposible. Esta crítica brutal de la sociedad de hace casi un siglo sigue siendo vigente en nuestros días donde las expectativas gubernamentales y financieras de globalización tienden a desvirtuar las aspiraciones individuales y comunitarias de desarrollo personal en pos de un mundo globalizado y “más productivo”, lo que no conlleva una “mejor” productividad o igualdad, sino todo lo contrario: un planeta donde gobiernan las multinacionales financieras por encima incluso de los gobiernos (por no hablar de la ciudadanía), donde las leyes impuestas por unos pocos afectan cada vez a más personas. 
Animo a los visitantes del blog a adentrarse, si todavía no lo han hecho, en una lectura imprescindible, tanto por el impacto de la biotecnología que se plantea, como por las consecuencias sociales que ésta pueda tener.

Mariana Rubio Albizu – mrubioalbizu@gmail.com

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