Cuando la inspiración llega

Dicen que Isaac Newton inició sus estudios sobre la gravedad cuando le cayó una manzana en la cabeza. A partir de ahí se cuestionó qué es lo que provoca que los objetos caigan hacia el suelo en lugar de hacia el cielo. Por cierto, qué paradoja más bonita: “caer hacia el cielo”.
 
Con caída de manzana o sin ella, la realidad es que Newton descubrió la Ley de la Gravitación Universal entre un millón de cosas más. Tantos y de tal magnitud fueron sus descubrimientos que hoy en día se considera uno de los mejores científicos de la historia. De hecho, el astrofísico Neil deGrasse Tyson (cuyos videos nunca me canso de divulgar) reconoce en una maravillosa entrevista la grandeza de Newton cuando le preguntan por el científico que querría haber conocido (minuto 4:05, aunque la verdad y como ya he dicho, merece la pena ver el vídeo entero).

Retomando el hilo, estábamos hablando sobre la inspiración de los científicos. Muchas veces vienen de los actos más simples, como la caída de una manzana sobre la cabeza de Newton.
Recuerdo una vez que hablando con un profesor de la universidad me dijo: ¿Sabes a qué le doy vueltas últimamente? A por qué las nueces, una vez pierden la cáscara, se vuelven rancias tan rápido. ¿No lo has pensado nunca?
Un tiempo después volví a encontrarle y me explicó que su laboratorio estaba estudiando los efectos antioxidantes de las cáscaras de los frutos secos. En ese momento lo que sentí fue que yo no tenía ojos científicos porque no, no lo había pensado nunca a pesar de que todo aquello pasaba ante mis ojos del mismo modo que pasaba ante los suyos.
Creo, y esto es una opinión meramente personal, que los científicos son aquellas personas capaces de ver el mundo como si acabaran de nacer y cuestionarse por qué pasan las cosas que muy poca gente es capaz de percibir.  
 El golpe de una manzana en la cabeza inspiró a Newton para descubrir la Ley de la Gravitación Universal. Imagen de http://manzanasfamosas.blogspot.com.



Pero algunas veces la inspiración no flota en el aire (o cae del cielo) sino que se surge de la mera necesidad o la desesperación. Ese es el caso de Jonathan Rothberg, el fundador de la empresa de secuenciadores genéticos Ion Torrent. Este biólogo (que es sin lugar a dudas biotecnólogo) tiene como máxima meta conseguir secuenciar el ADN de una persona de la manera más rápida y barata posible. Él es uno de los mayores promotores de la medicina a medida o, dicho de otro modo, dime qué genes tienes y te diré de qué careces (o en el caso de la medicina, qué tratamiento necesitas).
En este post estamos viendo que la mayoría de actos requieren de inspiraciones y en el caso de Jonathan Rothberg, tiene nombre propio: Noah Rothberg, su hijo.
Cuenta el propio científico que cuando su hijo tenía un día de vida fue ingresado en cuidados intensivos porque presentaba dificultades para respirar. En ese momento Rothberg pensó en lo útil que sería conocer el genoma de su hijo para saber exactamente por qué le estaba sucediendo aquello. Fruto de aquella desesperación decidió desarrollar un método rápido y barato de secuenciación genética y ha batido récords de tiempo y dinero: en 2007 pronosticaba que para el 2012, secuenciar el ADN costaría 6000 eur
os
. En enero de este año, sin embargo, anunciaba que ya se podía analizar el genoma completo de una persona en un día y por el módico precio de 1000 dólares.

                                                   Jonathan Rothberg encontró la inspiración en una situación dramática.

Así que ya veis: la inspiración flota en el aire, surge de la desesperación o puede ser incluso un acto de amor, de modo que, si miráis el mundo con asombro, queréis o sufrís, estáis más que capacitados para encontrar un día la respuesta a algo.

Os dejo con este vídeo relativamente relacionado. Adam Savage, del programa Cazadores de mitos del Discovery Chanel, explica a partir de dos ejemplos, cómo se las apañaron dos científicos para descubrir la circunferencia de La Tierra o la velocidad de la luz. Seguramente os daréis golpes en la pared al daros cuenta de que no utilizaron métodos sofisticados o ultratecnológicos. Si al terminar el vídeo pensáis que lo podríais haber deducido vosotros mismos, no cabe duda: sois parte de ellos.

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